Hacer daño, pero de verdad. De forma consciente e intencionada, directa a los pólipos y a la yugular. A las manos y a la válvula ventricular. Por la tarde y por la noche, arrancar extremidades y morder los parachoques. Tapar agujeros y desatascar desagües. Pisar camiones y arrastrar tripulaciones, cambiar cortinas y quemar cien conclusiones.
Trepanar diez de cada siete y mentir al seis de corazones.