A pesar de todo, me alegro de que aún haya momentos en el día y días en el año en los que lo que más me apetece sea enseñarle mi redondo culo al mundo. Querer arrojar sandías al vacío desde mi ventana y ponerle una etiqueta a mi cama que grite en brillante edding negro a los siete universos: 'Si huele a mierda es por tu culpa'.
¿Lo mejor? Mejorarlo.
¿Lo peor? Disfrutarlo.